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Plantar un árbol es creer en el futuro.

  • hace 2 días
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Actualizado: hace 1 día

Una jornada de reforestación del Club Rotario Plateros Centro Histórico que nos recordó que el servicio más valioso es aquel cuyos frutos quizá nunca veremos.

Hay actos que parecen pequeños hasta que entendemos el tiempo que contienen.

Plantar un árbol es uno de ellos.


Quien coloca un árbol en la tierra sabe que probablemente no disfrutará de toda su sombra. Lo hace pensando en alguien más: en las aves que algún día encontrarán refugio entre sus ramas, en la tierra que volverá a respirar, en los niños que crecerán bajo su copa y en las generaciones que heredarán un mundo un poco más verde gracias a una decisión tomada hoy.



Con esa convicción, el Club Rotario Plateros Centro Histórico llevó a cabo una jornada de reforestación en la Barranca Tepecuache, en Santa Fe, una actividad que fue mucho más allá de sembrar árboles. Fue una oportunidad para recordar que el servicio también consiste en cuidar aquello que hace posible toda forma de vida: nuestro planeta.


El medio ambiente: una causa que une a Rotary.


Desde 2020, Rotary International incorporó oficialmente el Apoyo al Medio Ambiente como su séptima Área de Enfoque, reconociendo que no puede existir paz, salud, desarrollo económico, acceso al agua o educación sostenible sin ecosistemas sanos. La protección del medio ambiente dejó de ser una causa complementaria para convertirse

en una responsabilidad compartida que atraviesa cada proyecto de servicio que emprendemos.


Esa visión estuvo presente durante toda la jornada. Mientras voluntarios, socios y familias trabajaban hombro con hombro, la actividad dejó de ser únicamente una reforestación para convertirse en una experiencia de aprendizaje, colaboración y conciencia. Cada árbol plantado representó una conversación, una historia y una oportunidad para reconectarnos con la naturaleza desde una perspectiva distinta.


Diana Bejero, Presidenta 26-27 del Club Rotario Plateros Centro Histórico.
Diana Bejero, Presidenta 26-27 del Club Rotario Plateros Centro Histórico.

Cuando servir también significa volver.


La presidenta del club, Diana Bejero, recordó que cuidar el medio ambiente es cuidar nuestra propia existencia. Los cambios que hoy observamos en el clima, en las estaciones y en los ecosistemas son un recordatorio de que la naturaleza también nos está hablando. Sin embargo, quizá la reflexión más importante no estuvo en plantar un árbol, sino en el compromiso de regresar para verlo crecer. Porque el verdadero servicio no termina cuando termina la actividad; comienza cuando asumimos la responsabilidad de cuidar aquello que decidimos sembrar.


Ese mismo sentimiento fue compartido por quienes participaron por primera vez. Para algunos voluntarios, la jornada significó descubrir una nueva forma de servir; para otros, fue el primer acercamiento a Rotary. Una de las participantes expresó que había llegado a un momento de su vida en el que sentía la necesidad de hacer algo por los demás. Encontró en esta actividad una manera concreta de transformar esa intención en acción, recordándonos que el voluntariado no siempre comienza con grandes proyectos, sino con la decisión de dar el primer paso.


Voluntaria de la actividad de reforestación.
Voluntaria de la actividad de reforestación.

La experiencia también dejó una enseñanza que difícilmente puede describirse con palabras. Como compartió una de nuestras socias, reforestar no es algo que simplemente se explique; es algo que se vive. Sentir la tierra entre las manos, comprender que ese pequeño árbol algún día será hogar para aves, insectos y otras formas de vida, cambia la manera en que entendemos nuestro papel dentro del entorno natural.


Adriana de la Fuente, Past Gobernadora Rotaria del Distrito 4170
Adriana de la Fuente, Past Gobernadora Rotaria del Distrito 4170

Sembrar conciencia para proteger el futuro.


Esa transformación interior es precisamente uno de los mayores objetivos del servicio. Rotary no solo busca resolver problemas; busca formar personas con un nivel más profundo de conciencia. Durante la jornada, la Past Gobernadora Rotaria Adriana de la Fuente recordó que el cuidado del medio ambiente llegó a Rotary en el momento en que la humanidad comprendió que proteger la naturaleza significa también proteger nuestra propia supervivencia.


Quizá por eso una de las voces más inspiradoras de la jornada fue la de Teresa Miranda, quien recordó que el amor por la naturaleza debería aprenderse desde la infancia. Invitó a las nuevas generaciones a observar con atención aquello que muchas veces pasa desapercibido: una semilla que germina, una flor que atrae colibríes, un árbol que lentamente se convierte en refugio de vida.

“Todo lo que se mueve es vida”,

… expresó, recordándonos que proteger el planeta comienza cuando aprendemos a mirar con mayor sensibilidad nuestro propio entorno.


Socios del Club Rotario Plateros Centro Histórico.
Socios del Club Rotario Plateros Centro Histórico.

En el fondo, eso representa el Área de Enfoque de Apoyo al Medio Ambiente de Rotary: comprender que el servicio no solo transforma comunidades, sino también la relación que tenemos con el lugar que habitamos. Cada proyecto de reforestación, cada campaña de limpieza, cada acción para proteger el agua o restaurar un ecosistema es una inversión en el bienestar de quienes aún no conocemos.


Al finalizar la jornada, los árboles quedaron en la barranca. Las fotografías quedaron en nuestros recuerdos. Pero la verdadera pregunta regresó con cada uno de nosotros.

¿Qué estamos haciendo, desde nuestra vida cotidiana, para cuidar el único hogar que compartimos?


Porque el cambio climático no se resolverá con un solo árbol. Sin embargo, tampoco se resolverá si nadie decide plantar el primero.


El Club Rotario Plateros Centro Histórico sembró nuevos árboles en la Barranca Tepecuache. Pero, sobre todo, sembró conciencia, esperanza y una invitación abierta para todos aquellos que creen que el servicio puede comenzar con un gesto tan sencillo como hundir las manos en la tierra.


Foto grupal de los asistentes a la actividad de reforestación.
Foto grupal de los asistentes a la actividad de reforestación.

Algún día, quienes recorran ese lugar quizá nunca sepan quién plantó esos árboles. No conocerán los nombres de quienes dedicaron una mañana a devolverle vida a este espacio. Y quizá eso sea precisamente lo más bello del servicio: que no necesita reconocimiento para transformar el mundo.


El verdadero legado no siempre lleva una placa. A veces, simplemente tiene raíces.

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